Ayer tenía todas las intenciones de prevenir, pero estarás de acuerdo que la seducción abarca muchas debilidades. Envidia hacia la culpa que bombardean con ojos de misil, me hago bolita, temo, estoy aterrada. Dedos frágiles que abrazan mis piernas y refrescan mi conciencia con un aire de retracción. No son tan óptimas las condiciones; hay que dar un paso para atrás.
Más tarde, me levanté, un poco mareada y revisé mis imágenes. Las acomodé por coyunturas, sobre todo por personajes. Fui descartando las que probablemente el tiempo me ayudó a eliminarlas, porque hay otras que ni con imaginación pude clasificarlas. Estas ideas sueltas, son las que se distraen en paredes de sentimientos que se propagan y manchan la piel. Hay ocasiones en que se pierden, pasan los días y no vuelvo a verlas, hasta que tu materia me las reenvía.
Ya con menos trabajo en la mente, escogí el trabajo del día y puse en marchar el molino. Era una revoltura de ira, pasión, ternura, dolor, furia y varias luces de felicidad. Crearon un color bastante absurdo con contornos tan lógicos que me provocaron malestar. No sé cómo Dios puede comprender tanta complejidad en el ambiente.
Es muy común que ese vapor de la máquina me prepare recuerdos, y entonces me de por salir corriendo. Son cuadros que me ubican en el más incómodo de los duelos. A veces no estoy preparada para enfrentar la pérdida. Siento frío y mucha soledad. Me siento desprotegida. Un instante donde no comprendo para qué existe la confrontación, ¿por qué no mejor desconectamos y conectamos?
Al final de día, logré abatir la ansiedad, tan torpe enfermedad que me dejó la ruptura, más que de una relación, de algo incomprensible, algo que se fue, un elemento que me partió las representaciones y ahora tengo que reacomodarlas.




