lunes, 6 de octubre de 2008

Candidatos al Premio Nobel de Literatura

10:30 a.m.

Salón F106

Asignatura: Taller de escritura


Todos en círculo y comenzó la letanía de personajes. Unos más intelectuales que otros, pero todos escuchaban a Schuman o decoraban sus muros con Renoir. Y al último, yo me uní a su juego. Lo mismo hubiera sido en clase de guionismo, donde en la enorme pantalla (que unos prefieren llamarla séptimo arte y yo me quedo en “elcine”) al protagonista lo hubiéramos imaginado con un cigarro que concluyera el nuevo arquetipo por quien tanto deseo escaparme.

Es más seguro que en un taller de escritura creativa nos sorprendamos de autores rebuscados, que una verdadera oportunidad para llegar al premio Nobel de literatura. Insisto que más que talento, Mozart y Casa Blanca aparecen con la misma facilidad en Wikipedia que Shakira y Cansada de besar sapos. No son obra de arte con sólo narrarlos.

Es como la gripa, se pega fácil, y se quita fácil; es escandaloso y muy ordinario. Este síndrome de García Márquez lo traigo en la venas, lo sienten mis dedos, lo entiende el teclado. Todos estamos instruidos, sabemos distinguir detalles, y otros, disfrutamos de escribirlos. Pero aquella capacidad insaciable de conocer, y conocer, tiene una sola explicación; vive ahí y la nombraron Internet. Nos hemos contagiado de acaparar todo y percibir la mitad.

Lo mismo le pudo pasar a Ibargüengotia, a Carlos Cuauhtémoc Sánchez, o a ti. Son tres oportunidades de aparecerse y tres oportunidades de mimetizarse. Es un típico juego de encuentra las diez diferencias, y si no, ya impactaste a tu endeble auditorio.

Al final es prudente pensar que por leer tanto, nos acoplamos a buenos autores y buenas historias. Pero ahí está el contagio, no en el uso sino en el abuso. Un buen libro edifica un paso al debate, a la aceptación de la supuesta cultura. Saber que en esos textos las casas son espectaculares, que sus ideas arrebatan el aliento, y el paisaje es mágico, no significa que deletrear a cualquier intérprete es una obra de arte como lo hizo Octavio Paz.

Esta vez el círculo me pareció incompleto. No participé ni por miedo a mi humilde personaje, ni mi crítica antes nuevas propuestas; no comprendí la sarta de personajes. ¿Será que hay demasiado talento que no sabemos distinguirlo, o será que creemos distinguirlo pero no existe?