jueves, 18 de noviembre de 2010

eLLes

elles font toujours des histoires…c’est pas simple avec elles!

Tan maravillosas las intrigas que somos capaces de contar las mujeres.





Es muy probable que nuestro cerebro tenga más focos prendidos para lograr entrelazar hechos, palabras y fechas con la realidad, como si todo concordara, que la cabeza de los hombres. A veces el sexo masculino se abstiene de indagar, se conforma con la razón.

De mi parte, sonaría absurdo calificar el comportamiento femenino, pero no está de más anhelar un momento en que se inmovilicen sus actos y comience la revolución. No es posible que entre mujeres desgastemos el valor de confianza y amistad, mientras que nos morimos por defendemos de las actitudes del sexo opuesto. Se necesita un análisis más profundo de la representación que tenemos nosotras mismas de las féminas, no obstante, basta con una noche de chicas para comprender la constante competencia y rivalidad que inunda los escenarios rosas.

Bien dicen que los errores no se corrigen si no empezamos por uno mismo, y las siguientes notas se distinguirán por el simple deseo de desahogo, que como los alcohólicos, aceptar las debilidades permitirá seguir adelante. Quizá siga siendo una mujer insegura y a la defensiva de las demás, pero pretendo levantar un acta que invite a reflexionar, que aunque no elimine la mala vibra, sí concientice de que las mujeres vinimos a este mundo a algo más que a criticar.

En primera instancia, es momento de dejar la lucha inquebrantable contra los varones; desvivirnos por incrementar nuestro ego no es más que la negación de que la disputa es interna. Es muy cierto el abuso por parte de los hombres y la desigualdad de género, sin embargo, sería más prudente conseguir la victoria en el momento en que ninguna mujer colabore con tal desagrado. A veces no se distingue si una mujer necesita el apoyo de su comadre, o prefiere derrocar su escalón. E incluso, creo que no debería existir una división entre dama-caballero. Sería más alternativa y civilizada una integración real y sincera entre ambos. Podría ser que con esto, las mujeres no se aferraran a ganar la batuta para conquistar el otro lado. Sobre todo por la diversidad sexual que se disuelve entre los seres humanos, que no hay razón para ganar un lugar si la corriente es multifacética. Es paradójico querer ser único.

Por otro lado, no encuentro la necesidad de destacar los efectos físicos de las demás. Es más, creo que si de verdad nos satisface evaluar a la compañera, sería más interesante detallar su intelecto, debatir sus ideas, posturas y teorías. Si nos gusta el juego de ganar, quizá nos convendría más reñir por las aventuras más locas, la hipótesis más atinada y el cuarto con más trofeos. Así, dedicaríamos nuestras horas en destrozar las malas propuestas e incentivar la inteligencia; que a ninguna le falta.

En tercer lugar, con la gran capacidad y sexto sentido que abunda en el juicio afeminado, se debe utilizar esta herramienta para el bien propio y no para definir la situación de las demás. Usar minifaldas, bailar sola, caminar con extrema sensualidad no son sinónimos de: esa zorra quiere bajarme a mi novio, pero obvio sus bubis son falsísimas. Porque es probable que la mujer en cuestión:

a) dedique dos horas al gym

b) sea lesbiana

c) piensa que tu novio es feo y va hacia otro galán

d) ninguna de las anteriores

Nos somos adivinas aunque lo intentemos. Son los celos los que nos traen locas. Ignoro qué desean los chicos, y si les haría más feliz tener una súper modelo a su lado, pero me queda claro que las evaluadoras somos las barbies. Ellos también tienen un sexto sentido que les permite oler la seguridad en las mujeres, y nosotras insistimos en usar repelente.

¿Quién deshace a México?



El país está mal.
No sé,
si en algún momento,
estuvo bien.



La vida era sencilla cuando no leía las noticias, cuando mis deberes se resumían a cursar la primaria, tomar clases de ballet y pedirle a mi papá que saliéramos a pasear. Y en eso había buenos actos; me enseñaron a que debía ser buena persona, leer, estudiar, ayudar, pensar. No estaba tan jodida mi educación. Ignorar la devaluación del 94, los sismos y la violencia, no me impidió enfrentar el camino manchado, desgastado, ficticio. Los meses, los años, las inquietudes, mi esencia, me permitieron averiguarlo. Paso a paso, con ingenuidad, la venda se cayó. De ser una niña mimada, el mundo dejo de saber a m&m’s.

Desde diversas perspectivas, asumimos el rol de ciudadano “responsable e informado”; o con el pretexto de ser observadores: como un crítico pintado de izquierdista. De lo que sea, para bien o para mal, ya un adulto recibe noticias, opina, y en el mejor de los casos, reacciona. Hay de todo en esta viña. Consciente o inconsciente, conocemos el olor de México, las reglas legales e ilegales. Sin embargo, por la misma naturaleza del flujo de información, el emisor y receptor, pueden desordenar el cuerpo de la nota. Está claro que cada persona adecúa los datos conforme a su formación académica o social. Por un lado están los personajes que trabajan para investigar y construir opiniones públicas, con la finalidad de cubrir el vacío de “ignorancia o desinformación”. Por otro lado, los comunes, el auditorio, quiénes sólo quieren saber o por mera casualidad, se enteran que algo anda mal. Sin embargo, en ambos casos, hay discrepancia, aceptable hasta cierto punto, pero el resultado se resume a la nula objetividad en que absorbemos mensajes.

Es muy cierto que no todas las personas tienen tiempo e interés de desintegrar un informe. Para cada sujeto hay un oficio. Sin embargo, el desconocimiento de su trascendencia hace que haya mayores desacuerdos y menos soluciones. Debemos reconocer que si no nos informamos adecuadamente, sabremos menos. Sobre todo, porque los medios de comunicación tienden a jugar con palabras que atraen la atención, y sin mentir, manipulan las oraciones. No debemos leer cinco periódicos al día, pero palabra leída debe ser comprendida, no creída.

La situación del país es mucho más compleja de lo que creemos, algunos ya dejamos de ser niños; no podemos sólo escuchar que Pérez hizo esto, y Juan deshizo lo otro. Los problemas que invaden a México, no provienen nada más de los gobernantes, sino de las cabezas enfermas que matan, roban, abusan… Y de quienes colaboramos con ellos. Los tres poderes no son los únicos responsables de los asesinatos que hostigan al país, sino de todos los que se han involucrado con los narcotraficantes, incluyendo funcionarios públicos y cómplices sin apellido. Además, México no sólo tiene narco, también trafica niños, mujeres, piratería… ¿Apoco con ninguno de estos tráficos nos involucramos los civiles? En cualquier nivel hay corrupción.

¡Qué lástima! ya no juego policías y ladrones, pero más lástima me da reconocer un país que está por derrumbarse. Y luego dicen que debemos rezar, ¿eso como de qué ha servido? No sé si haya solución, pero sí espero que cada individuo encuentre su propuesta y la lleve a cabo.