miércoles, 20 de octubre de 2010

No me gustó El Infierno


Entonces me decidí a ir. Suelo ser así, cuando la mayoría habla del filme, aun sospechando que estará mal, me dispongo a verlo. Creo que de eso se trata el séptimo arte y los anteriores; no deberían ser para dominguear, si no para aterrizar y disfrutar, pensar y aprender. Lejos de tratarse de gore o drama, las producciones cinematográficas no se dedican sólo a grabar y publicar, como mandar imprimir una playera. Toda cinta contiene un diálogo, un tema, un escenario, una teoría...Que no todas lo logren es distinto, pero eso no suprime la idea de estudiarlas (bien dicen que para todo hay público).

En un principio, no creo que sea incorrecto calificar buenas o malas las películas nada más porque sí, porque nos hizo reír, porque nos hizo enojar, o porque no sentimos nada, sólo por eso. No todos tenemos la oportunidad de estudiar cine; para el espectador común, lo más cercano a esto es un behind de scenes por E, c’est tout! Lo que sí no cabría en lo normal es crear lo banal. Yo supongo que no es sencillo armar películas, planearlas, producirlas, venderlas; pero ¿por qué existen grandes trabajos con pocos recursos y por qué hay blockbusters con ideas poco extraordinarias?, ¿en qué consiste profundizar, y qué caso tiene crear algo ya creado?

Nunca he armado una cámara, no sé cómo enfocar, no entiendo nada de postproducción, tampoco he escrito un guión, ni he trabajado en arte. Soy una espectadora. Pero me gustaría que encontráramos en las cintas un tema de qué hablar, una historia inimaginable, o unos personajes fuera de serie; que los lugares extremos se describieran en la pantalla, que sintiéramos mejor los colores, los olores, los idiomas, los paisajes. Cuando nos dispongamos de ver una historia, conozcamos más otras culturas, tratemos de imaginar quiénes son, qué piensan, qué buscan. Así, podríamos sensibilizarnos y reconocer la complejidad de una investigación digna de homenajear, que no debe ser tan obvia. Y la respuesta es que así hay magníficas obras, lamentablemente el espacio de cine de arte en nuestras casas suele ser muy pequeño, o para muchos, suena bastante aburrido.

¿Qué sienten los que crean historias?, ¿qué buscan los grandes productores? Por ejemplo, la última película que me apetece platicar, El Infierno; en el supuesto de que no a todos les importa la publicidad sino algo más allá, ¿no creen que el tema del narcotráfico ya es más fútil que el 2012? Es preocupante que ya no me sorprenda tanta violencia, pero eso no es la razón de aborrecer la idea. Es cierto, aborrezco que descuarticen personas, detesto la esencia de los narcos y sus mensajes… Pero mi actual desacuerdo es que disque ésta nos hace reflexionar lo jodido que está México. Creerlo es caer en su mismo discurso de que los policías y gobernantes participan, ¡ya lo sabemos! Volvimos al estereotipo, a la única y vaga idea del narcotráfico. De seguro todos se visten igual, todos escuchan narcocorridos…Puedo creer quizá que nuestras conclusiones van por encima de estas declaraciones, sólo nos alimentan el morbo pero no profundizan en la verdadera naturaleza del tema.

Que todos hablaran, que me la recomendaran, razón pesada para conocer El Infierno. Que me transformara la imagen del Bicentario, negativo, que me transformara la percepción del cine, negativo. El cochiloco está en todos lados, el Benny es pocho, I know! Pero cómo él, en los restaurantes campestres hay bastantes, esperaba más. Fue cómico ver tres lápidas con música, es bastante buena la incoherencia de la maldad y devoción católica. No estoy en contra de todo, sólo que no creamos que ya con una película, sabremos la situación real del país, de ser así, los noticieros serían como profetas.

El público es más inteligente, sólo que se acostumbra a las trampas del drama.

¿Qué tan importante es refrescar la conquista?


Quizá un deseo de pertenencia se asocia con el reconocimiento. Nunca he comprendido la insistencia de las representaciones los lunes en el patio del colegio, frente a la bandera nacional, ni el significado de memorizar las frases de los héroes mexicanos (y queriendo olvidar a Laura Bozzo al decir que Pedro Infante era uno de ellos… (¡)). Sobre todo si es posible que la historia haya sido “levemente” innovada para su comprensión.

Aún así, rememorar a México como un país que se mantuvo constante en la lucha contra la conquista, o cualquier absurda alteración a su origen; y más prudente aceptar que los líderes contemporáneos aún luchan contra un poder que indiscutiblemente aplastará a las minorías inermes, resulta satisfactorio e impulsa el sentimiento de pertenencia. Es sólo un vago cumplido al hecho, una aceptación, y en un caso más profundo, un agradecimiento por cambiar la historia que comúnmente es juzgada como injusta. Y ese es el significado de solemnizar. No basta con aceptarlo.

Eso pensaba mientras me sentía un poco abandonada. La tarde de ayer, como un domingo cualquiera, pasaba iluminada y muy tranquila. No llovió, pero se me soltaron con granizos las ideas cuando comprendí que ya no vivías a mi lado. Tan bonito un día, tan libre que no lo podría disfrutar. Y encima de todo, mis convicciones por luchar no habían sido conmemoradas.

Cuando me siento distraída, suelo pensar cómo puedo ejemplificar mis teorías tan simples, e inquietamente obsesivas, con datos más exactos y trascendentes. Por aquello de que las mujeres somos complicadas. Todo mi mundo mental suele ser tan irónico. Qué incoherencia creer que una derrota de guerra es tan drástica como mis sometimientos románticos. Pero con la intención de disfrazar mi lado patético, asumo que es más que indispensable palpar, desempolvar y refrescar las peculiaridades de un asunto, y más arriba, las de un ser humano. Si no hay asombro por lo maravilloso, hemos educado los ojos del alma y del cerebro a la mediocridad. He aquí mi fatalidad en los desastres sentimentales.

La industria requiere de incentivos para potencializar el desempeño de un trabajador (tomando en cuenta algo más que el dinero), la nación, aunque parezca superfluo, busca su sentido de pertenencia en líderes históricos o contemporáneos para seguir luchando y creer en lo que conforma su territorio. Por tanto, no habrá humano que no capturé zalamerías, halagos o un parabién que motive sus impulsos de mejora. Quizá por eso las estupideces que uno piensa, dejan de serlo por el mismo contexto que insiste en lo relativo de las ideas. ¿Qué tiene de pobre el rico, y qué tiene de rico el pobre?

Pasan las noches, y me convenzo de que hay mucho qué pensar, creer y vivir. Al imaginar con estupefacción las líneas que contornan la vida, los colores que la visten y las melodías que la encaminan, es absurdo creer que me detenga en los conflictos amorosos, y contradicciones políticas. Pero de esos disparates está mezclado mi universo. Provocaré oraciones para que mi mente se concentre en destellos de belleza y no en inquietantes ideas de hundimiento.

Bueno resulta refrescar la conquista en los amantes, los héroes y los qué los levantan, pero más intenso será la admiración personal. Un cambio por la misma vida que por quienes sólo la contemplan.

De lo complicado a lo complejo



Mi vida está en el segundo trayecto


A veces tengo la sensación que los años no cambian, y me imagino que los ancianos nunca cederán su lugar, ni los niños van a crecer. Como si mi mamá hubiera sido siempre adulta. Pero entonces no concibo cuándo crecí.

De repente, los celulares caben en mis pantalones, las barbies están guardadas, y pasamos más horas en el volante del coche. Los aparatos han multiplicado sus funciones, al mismo tiempo que las confusiones se han ido expandiendo. Desde el kínder aprendemos las vocales, los colores y manipulamos palito y bolita… (Y con el tiempo parece que lo perfeccionamos (¡)). Pero al terminar la universidad, ya tenemos una mezcla de teorías, lenguajes, colores, disciplinas, destrezas, competencias o experiencias canalizadas en el cerebro, que con la madurez que requiere la dinámica, debemos estipularlas para no pedir ayuda en la construcción de ideas. No es falta de memoria la que necesitamos, es sólo una prueba de complejidad. Como la diferencia entre subrayar sujeto y predicado, o entregar un ensayo sobre la representación de la mujer en el cine a partir de los años 60. Ni más complicado, ni más sencillo, es sólo la relatividad que no debe irse en automático. Nuestras aventuras ya requieren mayor atención.

Hay rebeldías en las que reclamas tu opinión en la toma de decisiones, y más tarde, indagas si la negación de madurez por parte de tus padres sí debe estar vigente; porque aún con años cumplidos, la mente parece desequilibrarse. Es como vivir más rápido pero pensar más lento. Vas comprendiendo que no comprendes, aunque desees averiguarlo. No existen muchos segundos para recapacitar, y tal vez por eso no nos damos cuenta de las transformaciones del entorno. La retroalimentación es extensa, las decisiones amorosas y profesionales se conmutan de un año a otro. Son saberes, derrotas, retos, logros, temores y personas que vamos conociendo y por ende, lo clasificamos en una lógica que se inmiscuye sigilosamente en nuestro instintivo.

Suelo recordar cuando de pequeña me corté mi manita con un vidrio. El llanto era profundo y corrí hacía mi papá para que me curara con un abrazo. Dieciocho años después, quisiera repetir la historia para contarle a mi papá que me ha regresado el dolor, y tantas veces que no quisiera doblarme. Sólo que ahora el llanto se viste diferente, y tengo que resolverlo sola.

Nos permitimos recordar pero hay qué seguir. El tiempo no pasa, sólo se transforma; es una materia de ocurrencias. Las puertas están abiertas para pintarse, desteñirse de los días borrosos., depurar las advertencias. Es un camino doblemente trazado. Que si no sabes a dónde te lleva, ya sabías que ahí irías, pero al cruzarlo no reconoces sus vertientes. Es una ironía no darse cuenta del paso del tiempo, pero sí atreverse a soñarlo. Por sorpresa, veinte años más adelante, estaré reconociendo los destellos de mi juventud, y con melancolía describiré mis manías de no querer crecer.

El mundo está girando.

¿Dónde surgen los problemas?


Los obstáculos existen cuando les abrimos las puertas dramatizando ideas, acciones u omisiones. Una pareja tendrá discusiones cuando busque entre ellos el responsable de dejar la taza del baño mojada. Y no significa que debamos callarnos ante las injusticias e incoherencias, sino que los problemas no deberían siquiera configurarse en nuestro sistema cognitivo.


Es muy común que en época de elecciones, los discursos políticos prometan garantizar libertad, equidad y trabajo. Intentan proteger los derechos humanos y la economía del país. Insisten en que vivimos en un México con democracia y tolerancia. Creen ser la salvación para los pobres, y en tanto, debemos aplaudirles que nos tomen en cuenta para la repartición de Oportunidades. Hay un supuesto de que gracias a ellos, los indígenas tendrán una vida más respetable, los homosexuales serán tomados en cuenta, y las mujeres podrán participar igual que los hombres (¿nadie les habrá comentado que hombre y mujer son lo mismo?).

Los temas más polémicos en los medios circulan con tres títulos: seguridad, equidad y tolerancia. En primer lugar, no comprendo por qué hay tantas balaceras si cada semana una barbie, un ken o un señor son capturados. Es como ver Corazón valiente, y con tanto degollado no distingues quién va ganando o quien fue derrotado (me gustaría una toma cenital, donde un equipo use playeras rojas, el otro blancas, y así contar las bajas; como un partidito de fucho). En segundo lugar, se aprueban leyes que supuestamente equilibran beneficios entre mujeres y hombres, cuando la diferencia ni siquiera debería existir. En tercer lugar, izquierdistas o Juan Camaney, se ponen la camiseta de progresistas y defienden los derechos civiles con la bandera de tolerantes, pero ¿quién les dijo que eso se tiene que defender? (desde que nos llamamos seres humanos debemos ser concebidos como tal).

La mente de los gobernantes y la esperanza de los ciudadanos es recibir aceptación. Ellos simpatizan y nosotros les agradecemos que nos reconozcan. Un candidato de cualquier nivel, no tiene por qué creer que debe protegernos, ni nosotros sentir que lo necesitamos. Esa representación que tenemos de garantía, tiene que ver con que los políticos abusen de su popularidad. No debemos celebrarles a los diputados que promueven igualdad, porque eso es su obligación. Un hombre no es honorable porque respeta a las mujeres, no tendría por qué no hacerlo. En el caso de Guanajuato, donde se aprobó la reducción de penas por filicidio, tomando en cuenta que acusaron a 160 mujeres de abortar; deberían de separar moral del poder para comprender las percepciones del individuo en el momento de actuar.

Hay un desgaste inmenso por corregir leyes y defender derechos. Surge tal vez el problema de la alteridad. Existe el machismo porque lo podemos pronunciar, y lo decimos porque lo concebimos, con acciones o con palabras le dimos espacio. No hay feministas si no hay machistas. No hay culpables si no hay inocentes. Inconsciencia o conciencia. Por un lado se cree que debemos comprender al otro, pero autonombrarnos diferentes genera la lucha de niveles, quién es superior para perdonar a quién, y quién está bien para corregir al otro. Un probable comienzo de mejora sería cuestionar nuestras imágenes y el resultado de convertirlas en decisiones. Por lo menos reconocer antes de intentar cambiar.