
Entonces me decidí a ir. Suelo ser así, cuando la mayoría habla del filme, aun sospechando que estará mal, me dispongo a verlo. Creo que de eso se trata el séptimo arte y los anteriores; no deberían ser para dominguear, si no para aterrizar y disfrutar, pensar y aprender. Lejos de tratarse de gore o drama, las producciones cinematográficas no se dedican sólo a grabar y publicar, como mandar imprimir una playera. Toda cinta contiene un diálogo, un tema, un escenario, una teoría...Que no todas lo logren es distinto, pero eso no suprime la idea de estudiarlas (bien dicen que para todo hay público).
En un principio, no creo que sea incorrecto calificar buenas o malas las películas nada más porque sí, porque nos hizo reír, porque nos hizo enojar, o porque no sentimos nada, sólo por eso. No todos tenemos la oportunidad de estudiar cine; para el espectador común, lo más cercano a esto es un behind de scenes por E, c’est tout! Lo que sí no cabría en lo normal es crear lo banal. Yo supongo que no es sencillo armar películas, planearlas, producirlas, venderlas; pero ¿por qué existen grandes trabajos con pocos recursos y por qué hay blockbusters con ideas poco extraordinarias?, ¿en qué consiste profundizar, y qué caso tiene crear algo ya creado?
Nunca he armado una cámara, no sé cómo enfocar, no entiendo nada de postproducción, tampoco he escrito un guión, ni he trabajado en arte. Soy una espectadora. Pero me gustaría que encontráramos en las cintas un tema de qué hablar, una historia inimaginable, o unos personajes fuera de serie; que los lugares extremos se describieran en la pantalla, que sintiéramos mejor los colores, los olores, los idiomas, los paisajes. Cuando nos dispongamos de ver una historia, conozcamos más otras culturas, tratemos de imaginar quiénes son, qué piensan, qué buscan. Así, podríamos sensibilizarnos y reconocer la complejidad de una investigación digna de homenajear, que no debe ser tan obvia. Y la respuesta es que así hay magníficas obras, lamentablemente el espacio de cine de arte en nuestras casas suele ser muy pequeño, o para muchos, suena bastante aburrido.
¿Qué sienten los que crean historias?, ¿qué buscan los grandes productores? Por ejemplo, la última película que me apetece platicar, El Infierno; en el supuesto de que no a todos les importa la publicidad sino algo más allá, ¿no creen que el tema del narcotráfico ya es más fútil que el 2012? Es preocupante que ya no me sorprenda tanta violencia, pero eso no es la razón de aborrecer la idea. Es cierto, aborrezco que descuarticen personas, detesto la esencia de los narcos y sus mensajes… Pero mi actual desacuerdo es que disque ésta nos hace reflexionar lo jodido que está México. Creerlo es caer en su mismo discurso de que los policías y gobernantes participan, ¡ya lo sabemos! Volvimos al estereotipo, a la única y vaga idea del narcotráfico. De seguro todos se visten igual, todos escuchan narcocorridos…Puedo creer quizá que nuestras conclusiones van por encima de estas declaraciones, sólo nos alimentan el morbo pero no profundizan en la verdadera naturaleza del tema.
Que todos hablaran, que me la recomendaran, razón pesada para conocer El Infierno. Que me transformara la imagen del Bicentario, negativo, que me transformara la percepción del cine, negativo. El cochiloco está en todos lados, el Benny es pocho, I know! Pero cómo él, en los restaurantes campestres hay bastantes, esperaba más. Fue cómico ver tres lápidas con música, es bastante buena la incoherencia de la maldad y devoción católica. No estoy en contra de todo, sólo que no creamos que ya con una película, sabremos la situación real del país, de ser así, los noticieros serían como profetas.
El público es más inteligente, sólo que se acostumbra a las trampas del drama.


