
He pensado varias veces en lo que haría si volviera a clases...
Cuando estás ahí, por más atrevido que seas, te la piensas para saltarte las clases, para copiar un examen, decir una broma, hacer la peor travesura, entregar tu opinión en lugar de un examen…o un total de locuras que las hiciste pero te dio miedo alcanzarlas por no recibir tu carta de buena conducta. Ahora, retrocedes y confirmas que la cita con el prefecto para mandarte con la coordinadora no influyó en nada para lograr la entrevista de trabajo que ahora te trae nervioso.
En la sala previa a tu encuentro, con tu currículum mojado de sudor y el traje que no te queda bien, sabes que lo anterior, no fue tan grave como pensabas. Ahora sabes que lo tuyo no eran las matemáticas, pero, no hay mejor ingeniero que tú para pasar la prueba en esta vacante.
Recuerdas con bastante alegría las veces que con tu pandilla planeabas el mejor escape, que eras a quien los papás de tus amigos prohibían juntarse porque jugabas con cuetes. Hacían torres de tazos de los Looney Tunes para ganar la final de su joya dentro de la cangurera. Hacías trampa en policías y ladrones, y preferías llenarte de lodo que tomar clases de natación; y aún así, el equipo te hacía querer ser el más envidiado.
Si te dieran la oportunidad de regresar a la primaria, a la secundaria, a la preparatoria e incluso a la universidad, cuántas locuras no repetirías, o a cuántas personas no te les aventarías. Las visitas al laboratorio explotarían al doble, y educación física se convertiría en el mundial.
Son ideas de un hubiera y de un espíritu aventurero que se desgarra por tu lenguaje que grita para ser estallado. Cuando estás por entregarle tu book al reclutador, piensas que la maestra no pudo darse cuenta, que tus padres te la hubieran pasado, y que tus amigos seguirían divirtiéndose. Mientras tú, consigues el puesto, pretendes ser el mejor, y tus sueños de niños parecen ser ficción.
Lo mismo me pasa cuando recuerdo la primera vez que me enamoré. Pensaba que sería la única vez, que la sonrisa parecía extrema y mi felicidad era más poderosa que una tarde de papeles mojados estancados en el techo. Y ahora que volví por centésima vez, y me encarrilé para la infinidad, sueño en mi segunda oportunidad de volver a ser conquistada, para que alguien luche verdaderamente por mi amor.
La vida es eternamente bella,
Gracias por leerme.