jueves, 24 de julio de 2008

Diario de fotógrafos

SOCIALES

Tenía que capturar lo mejor; sólo nos quedaban 30 min. Llamé a Raúl, apenas despertaba de su siesta y ambos ya debíamos estar en la cadena. La otra propuesta era escapar, lo inconveniente era el dinero. Queríamos mirar las luces debajo de un farol, pero el trabajo nos llamaba. Esta vez los rizos me quedaron mal, se nota que soy lacia. No importa, por fin llegó Raúl.

Lo conocí cuando llegué a este trabajo. Me pareció patético, sobre todo su afán de mencionar el apellido después del nombre. Además, era flojo. Muchas veces le completé las frases Veracruz y San Javier. Odiaba que se quedara en Vera. Sin embargo, él me enseñó a ejecutar mi trabajo; lo malo es que ahora lo adopta como vicio. Así como prende su cigarro, así necesita buscarle más al trabajo, y yo insisto en que no hay más allá. Según él, era necesario clasificar.

Al principio todo era reír. Pero lo era hasta que llegó la confianza; la atracción se sentía tan cómoda con nosotros que se deshacía de su labor y faltaba, sabía que no la llamaríamos. Era tanto la búsqueda de la belleza que nos perdíamos en ella. Tal como el psiquiatra necesita un ancla, ambos necesitábamos volver. Raúl ya no era el patético, si no yo.

Un día le pedí que nos perdiéramos, donde nadie nos mirara. Fue fácil. Decidimos no faltar al trabajo pero agilizarlo. Le prometí que si llegaba temprano por mí, yo haría nuestro encargo en menos demedia hora. Me subí a su carro y pasé la brocha por mi rostro. Casi se me olvida untarme baboso en los labios.

Se estacionó frente a la cadena. Le hablé a Johnny y pasé. No pasaron ni diez minutos cuando volví al carro y Raúl arrancó. Le di un fuerte abrazo. Seguimos derecho y justo atrás del Degollado nos paramos. Bajé del carro y caminé hasta ver que nadie nos veía. Me senté y lo miré. Él me miró y sonrió. Recorrió con su mirada mi cuerpo y se sentó junto a mí. Así deseábamos estar.

Me llamó Carlos para pedirme las fotos. Regresamos a mi casa y Raúl prendió la cámara, seleccionó las primeras treinta fotos y se las envió de mi PC. Desde entonces, así trabajo. Sólo le dedico diez minutos y cobro lo que nos corresponde. Soy más que versada. No debería decirlo, pero debo propagar mi conocimiento y permitirles atender su tiempo en observaciones más ambiciosas que lo que hacemos.

En poco tiempo te enterarás de mis secretos, es más evidente de lo que se considera. El truco es pasar inadvertida. Todo depende de la época, ahora le consagro mayor tiempo al cabello ondulado, y más interés al fleco, debe desnivelarse a mi mejor ángulo. El ángulo ya lo tengo predispuesto. Nunca olvido los detalles. La semana pasada fui por una docena de tiaras. Más que carácter funcional, estos adornos me permiten reconocimiento. Cuando todo está calculado para formar parte, me integro y ubico los mejores nichos. Inmediatamente las mujeres me permiten distinguir mis siguientes fotografías. Reviso el cabello y la inclinación de sus rostros adversos a la cámara. Quien se incline mejor, podrá ser retratada en la siguiente. Entre más desapercibidas parezcan las mujeres, mayor probabilidad tienen de ser captadas. Pareciera que la belleza se repite, o se imita.

Raúl y yo buscamos lo mismo; esto nos costará mayor efecto. Los visitantes deslindan las similitudes entre una y otra foto, y se asombran por cada repetición de posturas, colores y personajes. Para nosotros, esta semejanza nos sintetiza el trabajo. Vale más tantear la moda que desperdiciar discursos con el mismo fin.

Hoy tendré una velada, y viajaremos en la inteligencia de los que están afuera. Ellos sabrán decirnos cuál es la verdadera belleza y si la estamos buscando por la avenida correcta. Aquí en las calles se perciben más olores, colores y sabores que nos deleitan con la novedad. Raúl y yo nos conoceremos.

miércoles, 9 de julio de 2008

¿Quién planteó la palabra tolerancia para invitarnos a convivir con los demás?

Encuentro con el creador de sé tolerante


  • 7:00 p.m.

Cuando lo vea, lo saludaré tan amable como lo sé hacer. Me gusta sonreír, para que el otro sepa que no está solo. Así será con él, o ella, aún no lo sé. Le pediré que tome asiento, ordenaré un cosmopolitan. Mis gustos y conocimientos no dan para más, quizá sea mejor abortar mi fascinación por Sex and the City; siempre habrá algo más que Carry Bradshaw.

  • 7:30 p.m.

Si no quiere un cosmo, que lea la carta de vinos, de seguro tendrá la bebida perfecta para la palabra perfecta. Si no desea fumar, tampoco me incomoda, puedo vivir fácilmente entre fumarolas o en diafanidad. Lo malo será si se enoja, espero que el de atrás no fastidié con su puro. Propongo ir directo al grano, sin titubeos y preguntarle - cuéntame, ¿siempre has sido tolerante? - .

  • 7:45 p.m.

Cuando haya intentado responder y me haya mareado con su estupenda relación con homosexuales, drogadictos y quien se le cruce en frente, justo en el momento en que el alcohol me salude mientras haga tropezar mi lengua, le preguntaré con unas gotas de saliva que escupa como síntoma de ebriedad - ¿y tú quién eres?- De seguro se ofenderá, porque a pesar de considerarme atenta y modesta, me pongo efusiva y a la defensiva.

8:05 p.m.

Roberto el mesero me ofrecerá otro cosmo, levantaré la copa y sin voltear a verlo asentaré con la cabeza. Lo mejor será mi imitación a las actrices de Hollywood cuando encienda un cigarro; será uno tras otro, como si supieran a menta.

8:10 p.m.

El o ella estará preparando su cv, me mencionará su primer y último trabajo, pero se quedará tan en silencio mientras organiza sus ideas que yo interrumpiré con un -aja, dímelo, ¿tú quién eres?- Sin planearlo, ya hice que dudara su nombre o mejor entrarle a mi jueguito.

Me intriga, me acosa pensar quién es a quien molestaré con esta plática de tres cosmo + tolerancia. Yo sólo quiero saber qué tiene que no tenga yo, cuánto piensa que no pueda lograrlo yo. Me pondré más ebria porque a Roberto le caí bien y me aplicó el 2 x 1. No conseguiré mucho en este encuentro, lo que si descifraré es su género, pero eso ya no importa. Dejaré que pague la mitad de la cuenta, no estamos en las películas para dejar un billete y como si no importará el cambio, ahí lo dejamos. En la vida real, esperamos a que el mesero te devuelva tus veinte pesos y le dejas sólo quince pesos de propina.

  • 8:30 p.m.

En la despedida, le daré un abrazo (acostumbro a hacerlo) y le diré el típico - te cuidas mucho-. La noche será larga, el cosmo perderá el sabor y tomaré tan largo los tragos que les devolveré su sabor. Repetiré una y otra vez ¿quién se cree que es para implementar la tolerancia frente a los demás?

Qué bonito es pedir a los demás que sean tolerantes, pero es más peligroso de lo que se cree. Quien reciba el mensaje de tolerancia se considerará ser tan grande como para permitirle a los diferentes que actúen como son, pero, ¿no le corresponde eso a Dios?

lunes, 7 de julio de 2008

Costumbre vs Sinceridad

Cuando te llega el interés tus manos tiemblan, si no, es sólo gusto.

Es fácil detectar si te gusta, el ánimo hace una danza, y aún con malos chistes, la risa se desploma y se apodera de tu primer proyecto. Ya no puedes fingir que te seduce, ni puedes negarte. La tentación siempre gana.

Puedes cambiar; si los mejores lugares se alimentan de exquisitos sabores de la moda, tu antojo por la variedad no cabe ni en la imaginación. Para esto, voy a considerar normal el viaje interno del ser humano, sus experimentos, sus inquietudes, sus desaciertos. Lo que nunca definiré como reglamentario es que se cimiente la costumbre; ésta es el mejor pretexto de la mediocridad. Las personas se equivocan, son infieles y egoístas, y lo peor es cuando la sinceridad se les esconde, o cuando no se esconde, se escapa, huye. La costumbre es el invento para permitirle a la sinceridad que se transforme, que se muera.

Todo es costumbre cuando no se lucha. Si ves que ya no oscilas, busca más alimento, busca el deseo; después de comer siempre pensamos en el siguiente platillo. Si tu amante ya no vibra contigo, búscale más sabores. No se te ocurra considerar a la costumbre como prestanombres, será mejor aceptar que el ingenio se escondió.