martes, 17 de agosto de 2010

Mi papá se llama Juan Sandoval Iñiguez

Por la mañana recibí un correo con el título Mi mamá se llama Ramón. Mi papá me lo envió, me pareció correcto de su parte que me compartiera su opinión. Yo lo leí respetuosamente y pensé lo siguiente.

No gano nada con apoyar, o descalificar que la

"La Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró constitucionales las reformas que permiten la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo en el Distrito Federal, medida que tiene validez a escala nacional”.


Lo único cierto es que tengo la libertad de publicar por esta plataforma lo sobresalientes que son las discusiones entre funcionarios públicos, la iglesia, feligreses, universitarios, periodistas, homosexuales, amas de casa, intelectuales… México. Me incluyo, porque mis últimos recorridos por los medios han sido sobre las noticias de este tema.

Mi inclinación es el disimulado interés que tenemos para hablar del tema. Redundante pero significativo, creo que nadie está estudiando la ley tanto como los que tienen la labor de hacerlo. Cada crítico del país, con conocimiento o no, proyecta sus costumbres e ideologías a partir de sentenciar o promover dicha legislación.

Para bien o para mal, defendemos la estructura familiar que hasta la fecha nos convence de correcta y natural. A mi parecer, el cuerpo humano está diseñado para que el hombre deposite sus espermas en la mujer, y ella, tenga hijos. A partir de esto, durante años, la mujer ha desempeñado el papel de proteger a sus hijos, mientras que el hombre les provee de alimentos. En el caso de que alguno de los dos falte, uno toma el papel de ambos y saca adelante a sus hijos. (¡) Sin embargo, en el año 2010, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se pone a discusión si dos personas del mismo sexo, pueden adoptar a un niño, sin intervenir en interacciones sexuales que sean “naturales” o “innaturales”. Esto no quiere decir que se ponga a discusión si Dios construyó dos géneros distintos para la procreación (de ser tan estricto, hubiese suprimido que hombres o mujeres fueran infértiles). Al parecer, en la SCJN sólo pretenden permitirles a todos los ciudadanos los mismos derechos de adoptar, sin intervenir en tendencias políticas, religiosas o culturales. Tener hijos le corresponde a mujer y hombre, criarlos también, ¿pero se podrá combinar? Los papás o mamás solter@s lo hacen muy bien, ¿qué falla habría si se involucra un acompañante igual?

Estoy de acuerdo que la iglesia, los padres de familia, los políticos, etc., se involucren en el tema, y no se mande a la hoguera a los revolucionarios. Creo que Juan Sandoval Iñiguez, tiene el derecho de opinar y manifestarse en contra de la ley. Pero me llama la atención, la manera ofensiva y poco trabajada en que el cardenal se expresa. Supongo que llamar maricón, u otra palabra irrespetuosa a los homosexuales, tiene un significado muy intrínseco para el Sr. Sandoval. Creo que detrás de defender la orden de Dios, y los derechos de los niños para vivir en un ambiente sano, está proyectando un odio dudoso.

Por supuesto, lo mismo sucede en mi caso, y en el de miles de curiosos que opinan en Facebook, Twitter, periódicos, calles, fiestas, etc. Creemos que la vida tiene estructuras, y no debemos romper ese orden, y cada individuo lucha por encontrar y defender esa razón. Lo que no comprendemos, es que no podemos comprender todo. Los científicos dirán una cosa muy cercana a la supuesta verdad que existe, los sacerdotes escucharan a Dios y nos los comunicaran, los políticos lo harán para simpatizar, los padres de familia intentarán mantener el esquema que hasta la fecha les ha convencido, los homosexuales lucharán por no ser tema de polémica, los hippies creerán que todos somos iguales, los machos tendrán miedo, los periodistas conseguirán trabajo para sus artículos, los niños que se van a adoptar tendrán otra propuesta de vida…

Opiniones hay diversas, dejemos que cada quién colabore con su trabajo. Los jueces tienen la difícil labor de encontrar si los niños tendrán repercusiones por vivir con una pareja homosexual. Los psicólogos, psiquiatras, sociólogos, o Paty Chapoy, van a indagar sobre el asunto. Nosotros expresémonos, actuemos, pero primero ANALICEMOS.

Es muy importante saber que la aprobación de adopción para parejas homosexuales no significa que todos los homosexuales estén calificados para ello. No sabemos qué requisitos deben cumplir, y el tiempo que se necesita. Está claro que no es un tema fácil, y pienso que lo más preocupante no debe ser si lo aprobaron o no, sino que el país no está preparado. Para los que creen que los niños van a sufrir cuando en la escuela les pregunten cómo se llaman sus papás, no va a ser culpa de los legisladores o de los homosexuales que se burlen sus compañeros; será culpa de todos nosotros porque no les enseñamos a nuestros hijos que el mundo no es homogéneo.


Estén a favor o no de los maricones, ellos existen y existirán, nuestra obligación es enseñarle a los niños, y primero a los adultos, que los homosexuales no son una plaga que viene a matarnos, y que son seres humanos que merecen respeto, como se lo dan a un sacerdote cuando le besan la mano. Todos somos hijos de Dios ¿no creen? (Y pidamos que ninguno de nuestros hijos salga rarito, como opinan muchos padres tapatíos blanquiazul).

Por otro lado, hay muchas personas que conviven con extrema paz en medio de homosexuales, y aún así, les da miedo pensar que los hijos de gays serán igual; por el supuesto de que los niños tienden a imitar. Mi pregunta es, ¿de dónde copiaron conductas homosexuales los hijos de heterosexuales?

Mi opinión se extiende cuartillas y cuartillas, y es claro que estoy más a favor de la ley que en contra. Pero lo que quiero que quede más preciso, es que no doy un sí o un no; apoyo al conocimiento, a la apertura y a la integración. Pretendo que comprendamos que homosexuales existen miles, nuestros hijos pueden serlo, y si conocemos a una pareja sensata y digna de cuidar un bebe, ¿por qué no lo puedo hacer?

Apoyemos la causa, en contra o a favor con propuestas, no sólo quejas, y sobre todo, con fundamentos. ¿Quién me haría sentir peor, Ramón o Juan Sandoval?


Guadalajara, Jal., a 17 de agosto de 2010.

MARLEN TORRES

lunes, 16 de agosto de 2010

Quisiera adivinar mi futuro

Después de intensas expectativas, el sol se mete de una manera incomprensible. A pesar de las probabilidades, los segundos son perfectamente taxativos cuando tardaste 36 días en suponer el resultado de la noche, y fugazmente todo cambió. No cabe duda que me complacería bastante regir y profetizar los caminos de mi vida, sin que las horas estuvieran tan cargadas de suspenso.

De saber que nunca llegarás, no te esperaría con un vestido nuevo, alborotada y mordiéndome las uñas. Si me aseverarías que me harías feliz, intentaría doblarte la felicidad. Con la certeza de que encontraré a alguien más, no sufriría por ti, porque mis capítulos opacarían la tristeza que me ocasiona el miedo.

Y entonces cada segundo lo pinto de olvido, lo endurezco de inventiva, para suponer que conozco lo que pasa con mi vida. Cimiento en mi mente mareas de incertidumbre para que truenen en rocas de confianza. Intento convencerme que el desasosiego traerá mayores ventajas, en lugar de intentar construir un mundo perfecto, seguro y predecible. Ahora que no puedo hacer nada, me convenzo de que lo estoy logrando. No aseguro, tampoco confío, sólo espero. Porque la vida es eternamente bella cuando nos entrega sorpresas amables; que cuando crees que todo se había acabo y apenas comienzas a vivir, tienes el regalo de lo inesperado, de los segundos de vida que se convierten en minutos, horas, dias, meses y años.