
El país está mal.
No sé,
si en algún momento,
estuvo bien.La vida era sencilla cuando no leía las noticias, cuando mis deberes se resumían a cursar la primaria, tomar clases de ballet y pedirle a mi papá que saliéramos a pasear. Y en eso había buenos actos; me enseñaron a que debía ser buena persona, leer, estudiar, ayudar, pensar. No estaba tan jodida mi educación. Ignorar la devaluación del 94, los sismos y la violencia, no me impidió enfrentar el camino manchado, desgastado, ficticio. Los meses, los años, las inquietudes, mi esencia, me permitieron averiguarlo. Paso a paso, con ingenuidad, la venda se cayó. De ser una niña mimada, el mundo dejo de saber a m&m’s.
Desde diversas perspectivas, asumimos el rol de ciudadano “responsable e informado”; o con el pretexto de ser observadores: como un crítico pintado de izquierdista. De lo que sea, para bien o para mal, ya un adulto recibe noticias, opina, y en el mejor de los casos, reacciona. Hay de todo en esta viña. Consciente o inconsciente, conocemos el olor de México, las reglas legales e ilegales. Sin embargo, por la misma naturaleza del flujo de información, el emisor y receptor, pueden desordenar el cuerpo de la nota. Está claro que cada persona adecúa los datos conforme a su formación académica o social. Por un lado están los personajes que trabajan para investigar y construir opiniones públicas, con la finalidad de cubrir el vacío de “ignorancia o desinformación”. Por otro lado, los comunes, el auditorio, quiénes sólo quieren saber o por mera casualidad, se enteran que algo anda mal. Sin embargo, en ambos casos, hay discrepancia, aceptable hasta cierto punto, pero el resultado se resume a la nula objetividad en que absorbemos mensajes.
Es muy cierto que no todas las personas tienen tiempo e interés de desintegrar un informe. Para cada sujeto hay un oficio. Sin embargo, el desconocimiento de su trascendencia hace que haya mayores desacuerdos y menos soluciones. Debemos reconocer que si no nos informamos adecuadamente, sabremos menos. Sobre todo, porque los medios de comunicación tienden a jugar con palabras que atraen la atención, y sin mentir, manipulan las oraciones. No debemos leer cinco periódicos al día, pero palabra leída debe ser comprendida, no creída.
La situación del país es mucho más compleja de lo que creemos, algunos ya dejamos de ser niños; no podemos sólo escuchar que Pérez hizo esto, y Juan deshizo lo otro. Los problemas que invaden a México, no provienen nada más de los gobernantes, sino de las cabezas enfermas que matan, roban, abusan… Y de quienes colaboramos con ellos. Los tres poderes no son los únicos responsables de los asesinatos que hostigan al país, sino de todos los que se han involucrado con los narcotraficantes, incluyendo funcionarios públicos y cómplices sin apellido. Además, México no sólo tiene narco, también trafica niños, mujeres, piratería… ¿Apoco con ninguno de estos tráficos nos involucramos los civiles? En cualquier nivel hay corrupción.
¡Qué lástima! ya no juego policías y ladrones, pero más lástima me da reconocer un país que está por derrumbarse. Y luego dicen que debemos rezar, ¿eso como de qué ha servido? No sé si haya solución, pero sí espero que cada individuo encuentre su propuesta y la lleve a cabo.
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