elles font toujours des histoires…c’est pas simple avec elles!
Tan maravillosas las intrigas que somos capaces de contar las mujeres.

De mi parte, sonaría absurdo calificar el comportamiento femenino, pero no está de más anhelar un momento en que se inmovilicen sus actos y comience la revolución. No es posible que entre mujeres desgastemos el valor de confianza y amistad, mientras que nos morimos por defendemos de las actitudes del sexo opuesto. Se necesita un análisis más profundo de la representación que tenemos nosotras mismas de las féminas, no obstante, basta con una noche de chicas para comprender la constante competencia y rivalidad que inunda los escenarios rosas.
Bien dicen que los errores no se corrigen si no empezamos por uno mismo, y las siguientes notas se distinguirán por el simple deseo de desahogo, que como los alcohólicos, aceptar las debilidades permitirá seguir adelante. Quizá siga siendo una mujer insegura y a la defensiva de las demás, pero pretendo levantar un acta que invite a reflexionar, que aunque no elimine la mala vibra, sí concientice de que las mujeres vinimos a este mundo a algo más que a criticar.
En primera instancia, es momento de dejar la lucha inquebrantable contra los varones; desvivirnos por incrementar nuestro ego no es más que la negación de que la disputa es interna. Es muy cierto el abuso por parte de los hombres y la desigualdad de género, sin embargo, sería más prudente conseguir la victoria en el momento en que ninguna mujer colabore con tal desagrado. A veces no se distingue si una mujer necesita el apoyo de su comadre, o prefiere derrocar su escalón. E incluso, creo que no debería existir una división entre dama-caballero. Sería más alternativa y civilizada una integración real y sincera entre ambos. Podría ser que con esto, las mujeres no se aferraran a ganar la batuta para conquistar el otro lado. Sobre todo por la diversidad sexual que se disuelve entre los seres humanos, que no hay razón para ganar un lugar si la corriente es multifacética. Es paradójico querer ser único.
Por otro lado, no encuentro la necesidad de destacar los efectos físicos de las demás. Es más, creo que si de verdad nos satisface evaluar a la compañera, sería más interesante detallar su intelecto, debatir sus ideas, posturas y teorías. Si nos gusta el juego de ganar, quizá nos convendría más reñir por las aventuras más locas, la hipótesis más atinada y el cuarto con más trofeos. Así, dedicaríamos nuestras horas en destrozar las malas propuestas e incentivar la inteligencia; que a ninguna le falta.
En tercer lugar, con la gran capacidad y sexto sentido que abunda en el juicio afeminado, se debe utilizar esta herramienta para el bien propio y no para definir la situación de las demás. Usar minifaldas, bailar sola, caminar con extrema sensualidad no son sinónimos de: esa zorra quiere bajarme a mi novio, pero obvio sus bubis son falsísimas. Porque es probable que la mujer en cuestión:
a) dedique dos horas al gym
b) sea lesbiana
c) piensa que tu novio es feo y va hacia otro galán
d) ninguna de las anteriores
Nos somos adivinas aunque lo intentemos. Son los celos los que nos traen locas. Ignoro qué desean los chicos, y si les haría más feliz tener una súper modelo a su lado, pero me queda claro que las evaluadoras somos las barbies. Ellos también tienen un sexto sentido que les permite oler la seguridad en las mujeres, y nosotras insistimos en usar repelente.
1 comentario:
Magnífico texto. Me parece sensato el voltear hacia tu propio género e incentivar al cambio de una actitud autodestructiva y de una manera tan esplendida en lo que a uso de lenguaje refiere; además de inspirar (e incitarme) para realizar una contraparte masculina. Mis felicitaciones.
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