Nuevo año...
Tengo ganas de ser la protagonista. Quiero las calles vacías, el aire apuntando a mí. Pido que la tarde se abrigue y se quede estática, me gusta cuando se viste de naranja. Me encanta cuando me habla el cielo. Más que romántico, es supremo. Sueño con perderme en la claridad, de no comprender que no hay más qué comprender, sino que hay qué sentir. Deseo regresar.
Voy a seguir a un ángel. Me rascará la nariz y entenderé que es momento de conocer la vida. Es hermoso, es cauteloso; en él corre la energía. No tomo su mano, tomo su camino. Una fotografía vuela a mi costado, se pasea lentamente por mis hombros y sigue el atajo. El cielo me manda una pluma, se recuesta en mi mano y me invita a crear. Desnudo mi alma frente a la hoja y mi vida se revela.
Todo comenzó con el deseo de amar. El sonido acompaña las imágenes. Mi ángel va de prisa, pero junto a él, el mundo se frena. Una chispa se enciende, me detiene. Dejo de crear, me pongo a pensar. Ahí va mi cuerpo en posición fetal. Mi dedo índice manipula la pantalla y escoge una buena canción. He dejado mis primeros cinco años. Le ruego a mi ángel que me espere, le pido que dibuje mi mente cuando crecía. Le imploro volver. Él toca mi frente con un beso.
Cae mi reloj. Los años pasan volando. Tan sólo he escrito el título y las fotografías corren. Palpita mi color rojo. Aumenta la intención, disminuye la tensión. La tinta es transparente, las letras se las va llevando mi ángel. ¿A quién está negando mi ángel?, ¿quién fui?, ¿quién seré?
Disfruto de la presencia de la vida. Hoy olvido que nos cuesta vivir, hoy entiendo quién soy. Me paralizo en el tiempo, construyo. Planeo y se borran las ideas. Mi ángel me enseña y me suelta. Me pide que piense, pero me regala el placer de volar. Me pide prudencia, pero me regala la locura. El atajo está por terminar.
Me detienen. El álbum es enorme. La ciudad se destapa. Mi ángel avanza sin mí. Soy la primera, soy la segunda, estoy en todas partes. Las fotografías vibran, hablan. Recuerdos. Ahí están. El rojo está dejando de latir. Los cuadros se tiñen de mis emociones, me roban el espíritu.
Se descubre mi vida. Las líneas se vuelven a matizar. Es magnífico. El agua cae, es tersa. Me sacude al final del atajo. Me limpia. Me dice que pronto dejaré de recordar y empezaré a vivir. Mi ángel sube y me devuelve mis historias. Están cerradas, pero ahí están. Ahora me toca crear más. El cielo naranja me regala sus crayones y me permite ser la protagonista. Mi creatividad fluye en el instante en que convierto al cielo en mi cielo. No me detendré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario