
Para todo manifiestas la regla del sentimiento, la idea excéntrica del método involuntario, como un asunto del santo destino. Me enamoré sin pensarlo, me equivoqué sin desearlo, y te olvidé sin darme cuenta. Un miedo para cuestionarse las razones, que prefieres disfrutar las variaciones que se atraviesan en el abdomen cada vez que das un beso enamorado.
Una dosis del primer beso, tan provocativa, tan poderosa, tan capaz de dejarte ahí capturado en la exaltación del deseo eterno. El impulso para perseguir el amor. Ahí no surgen las relaciones, lo que se engendra es la idea para perseguir una conexión. A veces sucede que un encuentro subsiste sólo en eso, mas que en la consumación de una relación, en una definición corporal; quizá por eso no siempre la sentimos, y a lo mejor por eso no distinguimos entre sentir al amor de tu vida en un beso, o buscar un beso en el amor de tu vida. Aunque aparezcas en un empíreo de paredes volátiles, las ansias te mantienen firme, y aun en una ceguera emocional, te enganchas en imágenes cálidas junto a destellos de susurros amorosos. Llegas a casa soñando cómo pasó, qué detalles dijo, cómo empezó, qué sentiste. Los días pasan, sigues recordando, y a la vez difuminando los cuadros. Los choques cargan atisbos mientras que el corazón lucha por acordarse y revivirlo; es tan intenso que cada segundo van muriendo ledes de significados. La frecuencia disminuye, pero cuando la densidad está muy baja, otra aproximación se encarga de emitir un alto destello que revive la derrota. Vuelves a sentirlo pero no comprendes por cuánto tiempo, no sabes si la vida seguirá a ese ritmo, o ahí terminará la emoción. La encrucijada entre seguir ese vínculo o dejarlo doblegar en el aire; ¿cuánta energía puedes dedicarle a una persona?
Aparentemente, la espontaneidad de los sentidos no es suficiente para delimitar la seducción, hay cuestiones que regulan la búsqueda y le dan tiempo para cumplirse. En ocasiones es un poco complicado permanecer sobrios por periodos tan largos, entonces comienzan a surgir ansias hacía la otra persona, e incluso se acelera la travesía de seguir así o cruzar un paso importante hacia la relación. Pareciera que la progresión dramática tiene prisa en mostrar su clímax, pero de ser así, la trama puede abordar una inconfundible imagen de cotidianeidad, no necesariamente negativa, porque la porción de fogosidad puede disminuir si ya no se consiguen las burbujas que halagan en un beso primerizo y a la vez eterno. El desenlace podría tener una caída peligrosa.
¿Qué viene de los primeros encuentros? ¿Funcionará una relación? ¿Habrá tiempo y espacio para conquistar otro beso? Lo más importante de una vibración tan extraña que sienten los enamorados, es dejarla que circule por la venas, esperar para que se contengan en el infinito, que es la única emoción que nos hace sonreír.
Perseguimos el amor para siempre, monógamo; no sabemos si en él habrá amor sincero y excitación permanente. Mejor cambiemos la velocidad, o evaluemos si estamos dispuestos a seguir esperando la dimensión del primer beso. La regla del sentimiento está implícita en los deseos, habrá que escucharla, porque es cierto que el enamoramiento es más intenso que la persistencia.
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