martes, 21 de junio de 2011

El auténtico fin del mundo


Para acabarse este mundo, todas las paredes tienen que derrumbarse, y todas las lámparas deberán apagarse. Puede pasar en un segundo, o tardarse millones de semanas en lo que cada mano baja el switch.

En un día decisivo, los automóviles van a recorrer millares de kilómetros para rencontrar parejas, mientras que en las calles las personas tomarán objetos ajenos con una libertad ingénita. Los reos saldrán por la puerta grande tropezándose con doberman que se escapan de sus jaulas. Un día antes del fin del mundo, la humanidad se saciará de los siete pecados capitales, al mismo tiempo que ganaran la guerra los que apostaron por el apocalipsis. En las iglesias habrá sobrepoblación de nuevos feligreses., esos que muy deep inside creían en Dios, pero que lo imaginaban en una onda más hippie.

Dominamos el up and down, black and white, open and close del método principio –final, sólo que dedicamos horas de clase, notas en los medios y borracheras con los amigos debatiendo el tipo de desenlace que nos tocará ver. Las dos teorías sobresalientes se resumen en dos sucesos: un cambio de sistema o un Armageddon. Los mayas, las guerras, el sobrecalentamiento global, los tsunamis, la caída del muro de Berlín, las revoluciones, o modestamente, la muerte de cada individuo. Se contempla la historia, la geografía, la lógica, la sociología, la biología y hasta la religión, pero todos twiteando la idea que nada es eterno. ¿Pero qué haremos si el dato de tiempo y el espacio donde rescindirá no es exacto?, ¿para qué crear una psicosis? Parece que tenemos mucha prisa por que se acabe el mundo, creyéndoos expertos en la interpretación de símbolos y encontrar los cuatro jinetes, en vez de reconocer el verdadero desastre que hemos causado desde que pisamos tierra.

No estaría mal pensar que el verdadero fuego que se cruzará en el cielo, serán los coronas de los castillos en las fiestas de la virgen, las chispas saldrán del torito, y el fin se dará cuando un civil alcance la cima del palo encebado. Las trompetas se refieren al mariachi en el kiosko, las siete copas serán las que alcancen de la botella, y las prostitutas una realidad en San Juan de Dios. Ya no estamos en épocas de Poncio Pilato para satanizar cada entorno sociocultural. El apocalipsis puede ser una de las características fundamentales de la vida, y mientras sigamos vivos, se estará dilucidando.

No sé si sea cierto o falso el aparente final; además, aún no nos convencemos de que todos nuestros antepasados se han cuestionando lo mismo, porque estamos muy involucrados en una fábula que esperamos sea comprobada. Por lo pronto, es importante no subestimar el efecto que provoca sobre las acciones y pensamientos de las personas, que van desde un suicidio hasta una orgía, con tal de no ser víctimas de la tragedia. Tales reacciones se derivan quizá de términos existenciales y frustraciones personales, ¿nos preocupa que no hayamos vivido lo suficiente?

Esperamos de la vida un montón de experiencias apasionantes, y queremos agilizar el proceso cuando creemos que puede haber un límite de tiempo que no nos permita alcanzar plenitud. Solemos planear toda esta locura, en lugar de comenzar la satisfacción con anticipación para saborear cada etapa sin prisas. Creo el tiempo que tardó en formarse la Tierra, será el mismo tiempo de su desintegración; la salida no es tan fácil, y se pierde más tiempo en discutir que en caminar para encontrarla. Puede ser que nos toque una última fase dolorosa, pero aun con la maldad que generamos, la Tierra sigue regalándonos portentos de su cuerpo, aunque sea por migajas. Al parecer vida nos queda, no podemos huir sin antes aprovechar sus atardeceres, sus eclipses, sus flores, su agua, sus montañas.

Los deleites de la vida se generan de energía en las celebraciones, con la educación, en el amor, al ritmo de la música, gracias a la meditación, en armonía y justo en el momento en que el corazón está latiendo. No encuentro idea más lógica que creer que por su naturaleza, el ser humano desea vivir intensamente y pone de pretexto que el tiempo se va. De nada sirven las imágenes de zombis, si os zombis somos todos viviendo una rutina. ¡A trabajar en una teoría más convincente!

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