
Esperaba llegar y tener un poquito de ayuda, tener los platos limpios y un saludo amigable; y resultó que sólo estaba disponible mi espacio para recostarme y pensar cuánto necesito de ti.
Al parecer la razón está maquilada. Ya no me queda ni resignación ni obsesión para dejar mi capítulo a punto de imprimirse. Toda mi apuesta, todo mi cariño terminó en la realidad, la que nunca quise aceptar y la que me tocó sin anhelo.
Es una ilusión estrictamente moldeada, perfectamente asegurada; pero no deja de ser una ilusión que empieza su desaparición. Cómo decirle que lo extraño, cómo pedirle que vuelva cuando la conciencia necesita su motivo de ser. Aparte de confiar, dejas tu vida, tus deseos, tus fantasías por seguir a su lado, y al final, no quedó más que mi simple utopía.
Y la vuelta del mundo también te regresa su gravedad, comienzas por distraerte en otros quehaceres cuando todo resulta del mismo costal. Un buen comienzo parece el acertijo al tropiezo que diste. Un mal reporte, una llegada tarde, un impuesto no pagado…todo lo que un buen ciudadano requiere hacer, no se produce. Debemos rompernos la cara para comprender que el planeta comenzó a girar hacia otro lado.
Es el momento indicado cuando te retiras, aún sin concluir el juicio, dictas tu sentencia. Fuera de la fatalidad, los colores no te mienten, son tu efigie. Yo con un dolor profundo decido volcar el pasado y halagarme con la incógnita. Amo, con toda el alma, con mis estímulos, con la cabeza y mi inteligencia. Quisiera sentarme con Dios y desfigurar mi paraíso para pedirle de favor que me quite este dolor.
Desearía que mis flores me abrazaran, que lo único verdaderamente mío me acariciara con mucho cariño hasta olvidar lo que es sentir. Ni un conocido me ha abrazado. No vale la pena, pero la pena vale más que cualquier pero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario