Abundan los documentales, sobrepasan las opiniones, y existen dos agentes de la calle:
y) los que trabajan de ella
z) los que viven en ella
Si de principio involucramos ambas partes, sin aterrizar en complejidades, las preguntas serían: ¿en qué calle o parque viven?, de lo contrario, ¿debajo de qué puente?, ¿qué comen?, ¿dónde y cuándo se visten?, ¿dónde tiran lo que les pasó de útil a inútil?, ¿dónde tienen relaciones sexuales?, ¿dónde hacen del baño?, ¿cuántos hay?...
La ciudad de México alberga en su calles, principalmente en el centro histórico, 2 mil 159 personas. No creo que Guadalajara se aleje demasiado de esta cifra; al menos sería prudente considerar a mil. ¿Y cuáles son?
Los oficios más evidentes de quienes divagan en la calle se resumen en: personas con discapacidad (no siempre congruente a su postura), limpia parabrisas, madres canguro, ancianos, mimos, traga fuegos, contorsionistas, payasos, plagiadores (no saben ni cuál es su papel), ejecutivos de mechudo, representantes de centros de rehabilitación, etc., además de las funciones que no están al alcance de nuestra visión óptica o las circunstancias que por las arterias nos desplazan.
Cabalmente, estas exploraciones, hacen de cada urbano tan enigmático, donde resulta implacable distinguirlos y reconocer su trascendencia. Los comerciantes, o los que ofrecen servicios, son peculiarmente los que viven de la calle; se trasladan desde sus casas, opuesto a su discurso, del que presumen no tener ni dónde comer o dormir. En cambio, para el resto, los verdaderos huéspedes de la ciudad, no piden tanto, sólo resisten mucho. Sugestivo
Es más aprehensivo percatarse de la vida de un locatario. Razón suficiente de reconocer dos personalidades, los que explotan el negocio, y los que se aprovechan del cobijo de la ciudad. El segundo es un universo encerrado en avenidas, automóviles, smog, prostitutas, bebes, padres, drogadictos, abogados; pero libre de prejuicios, de esquemas.
Lo que para nosotros es abrir los ojos y reconocer que estamos en nuestra habitación, sobre nuestra cama y olor; para ellos es abrir sus ojos y reconocer su calle, su banqueta, su ruido. Sonidos, quizá la primer diferencia entre un techo limitante, a un cielo, a veces poderoso y lluvioso, y a veces, amable y soleado.
Ajeno a la lástima, es una forma de vida. Pensar en recorrer las calles, buscar un atuendo. La pregunta es: a qué hora y en dónde…
Preguntas, inquietudes, deseos de observar con mayor inteligencia y menos sorpresa… ¿cómo son los que viven en la calle? o mejor, ¿cómo somos nosotros?
Es sólo una idea, pido disculpas a quienes se dedican a estudiar esta situación, reconozco que es serio y delicado…
1 comentario:
...porque ya no escribes?
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