SOCIALES
Tenía que capturar lo mejor; sólo nos quedaban 30 min. Llamé a Raúl, apenas despertaba de su siesta y ambos ya debíamos estar en la cadena. La otra propuesta era escapar, lo inconveniente era el dinero. Queríamos mirar las luces debajo de un farol, pero el trabajo nos llamaba. Esta vez los rizos me quedaron mal, se nota que soy lacia. No importa, por fin llegó Raúl.
Lo conocí cuando llegué a este trabajo. Me pareció patético, sobre todo su afán de mencionar el apellido después del nombre. Además, era flojo. Muchas veces le completé las frases Veracruz y San Javier. Odiaba que se quedara en Vera. Sin embargo, él me enseñó a ejecutar mi trabajo; lo malo es que ahora lo adopta como vicio. Así como prende su cigarro, así necesita buscarle más al trabajo, y yo insisto en que no hay más allá. Según él, era necesario clasificar.
Al principio todo era reír. Pero lo era hasta que llegó la confianza; la atracción se sentía tan cómoda con nosotros que se deshacía de su labor y faltaba, sabía que no la llamaríamos. Era tanto la búsqueda de la belleza que nos perdíamos en ella. Tal como el psiquiatra necesita un ancla, ambos necesitábamos volver. Raúl ya no era el patético, si no yo.
Un día le pedí que nos perdiéramos, donde nadie nos mirara. Fue fácil. Decidimos no faltar al trabajo pero agilizarlo. Le prometí que si llegaba temprano por mí, yo haría nuestro encargo en menos demedia hora. Me subí a su carro y pasé la brocha por mi rostro. Casi se me olvida untarme baboso en los labios.
Se estacionó frente a la cadena. Le hablé a Johnny y pasé. No pasaron ni diez minutos cuando volví al carro y Raúl arrancó. Le di un fuerte abrazo. Seguimos derecho y justo atrás del Degollado nos paramos. Bajé del carro y caminé hasta ver que nadie nos veía. Me senté y lo miré. Él me miró y sonrió. Recorrió con su mirada mi cuerpo y se sentó junto a mí. Así deseábamos estar.
Me llamó Carlos para pedirme las fotos. Regresamos a mi casa y Raúl prendió la cámara, seleccionó las primeras treinta fotos y se las envió de mi PC. Desde entonces, así trabajo. Sólo le dedico diez minutos y cobro lo que nos corresponde. Soy más que versada. No debería decirlo, pero debo propagar mi conocimiento y permitirles atender su tiempo en observaciones más ambiciosas que lo que hacemos.
En poco tiempo te enterarás de mis secretos, es más evidente de lo que se considera. El truco es pasar inadvertida. Todo depende de la época, ahora le consagro mayor tiempo al cabello ondulado, y más interés al fleco, debe desnivelarse a mi mejor ángulo. El ángulo ya lo tengo predispuesto. Nunca olvido los detalles. La semana pasada fui por una docena de tiaras. Más que carácter funcional, estos adornos me permiten reconocimiento. Cuando todo está calculado para formar parte, me integro y ubico los mejores nichos. Inmediatamente las mujeres me permiten distinguir mis siguientes fotografías. Reviso el cabello y la inclinación de sus rostros adversos a la cámara. Quien se incline mejor, podrá ser retratada en la siguiente. Entre más desapercibidas parezcan las mujeres, mayor probabilidad tienen de ser captadas. Pareciera que la belleza se repite, o se imita.
Raúl y yo buscamos lo mismo; esto nos costará mayor efecto. Los visitantes deslindan las similitudes entre una y otra foto, y se asombran por cada repetición de posturas, colores y personajes. Para nosotros, esta semejanza nos sintetiza el trabajo. Vale más tantear la moda que desperdiciar discursos con el mismo fin.
1 comentario:
piku!!
meencanto este post.
Creo quetu sitieneslaautoridad para escribir sobre lavida fresa nocturna,tsss loquesaldria a laluz
siguelo haciendo!
saludosdesdecalifornia
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